miércoles, 17 de marzo de 2010

La cápsula del tiempo


Al anochecer contó cinco pasos al Este del roble y, enterró la pequeña caja. Se sentó a disfrutar de los últimos rayos de sol antes que la noche tiñera de negro aquel espectáculo.

Pasaron los días, y las semanas se convirtieron en años.

Al amanecer cuando el sol comenzaba a colorear poco a poco el paisaje, recuperó la oxidada caja, en su interior habían estado esperándole: el tren de madera, ceras de colores, algunas cartas y dibujos… Todo lo necesario para reencontrarse con el niño que había olvidado.


domingo, 28 de febrero de 2010

Luna Deseada

Cada veintinueve días la miraban brillar, cada uno desde su ventana cerraban lentamente los ojos y pedían un deseo. Un día al abrir los ojos sus labios estaban sellados.

jueves, 25 de febrero de 2010

En el lugar de siempre...

Aquella mañana había recibido un sobre sin remitente. Debía haber pasado un año y un par de meses desde la última vez. Ausente al murmullo que se propagaba por aquella cafetería convertida para ellos en un pequeño refugio, permanece sentado en la mesa de siempre. Despacio, da vueltas a la cucharilla, con la mirada fija en aquel pequeño papel doblado que sostiene entre sus dedos, se sumerge en sus recuerdos.

La primera vez, ella salía del jardín de infancia, él jugaba en la plaza con el balón. Los siguientes veranos compartirían juegos y peleas. Durante uno de ellos, un ingenuo juego les llevaría orillas del mar. Sol y arena fueron testigos del primer beso, un sabor a sal que nunca olvidarían. Un amor de niñez que les acompañaría toda la vida. A veces dormido por tantas ocupaciones, otras despertando de pronto en el hueco de algún cajón. Ella le recordaba por su cálida y sosegada voz, él por su luminosa y dulce mirada. No habían vuelto a reconocer una sensación semejante en otros labios. Pero escondían el sentimiento sustituyéndolo por otros.

Deseaba que se abriera la puerta, que sus miradas se cruzaran una vez más. Ella comenzaría a hablar sin parar. Impaciente. Él intentaría controlar la situación hablando del paso del tiempo. Y, en silencio, mirándose a los ojos a tanto solo unos centímetros de distancia. Con las manos entrelazadas el sonido de la cafetería se convertiría en susurro. Sus labios lentamente acabarían uniéndose de forma inevitable. Al separarse ambos serian conscientes de que la única muestra del paso del tiempo eran los arrugas de sus rostros.

El ruido de la cafetería toma forma poco a poco. Su mirada se había mantenido abstraída durante aquella dulce melancólica que proseguía a la apertura. Dentro, un texto sencillo, escueto, acompañado de aquel inconfundible olor que tantos recuerdos le trae. Lee y sabe, no hace falta más.

Fecha y hora, en el lugar de siempre.


domingo, 14 de febrero de 2010

Contra reembolso


Dudó y, finalmente, la dejó caer en el buzón. Dentro, los abrazos que nunca se atrevió a darle.

jueves, 28 de enero de 2010

Un carrito rezagado

Temprano. Cafetería oscura. Entre los dedos, una pluma negra con muchas historias por contar. Sobre la mesa de madera, un cuaderno espera ser usado impaciente. Apoya la cabeza sujetando su barbilla pensativo. La inspiración llega y se va. Mira por la ventana. Nubes amenazantes. Gente de un lado para otro como maquinas, nadie mira a nadie.

Entre el rebaño de gente alguien marca su propio compás, ahí está, con su carrito. Pelo descuidado, blanco y castaño. Batín azul con flores blancas bajo un holgado abrigo marrón. Zapatillas de estar por casa. Mueve los labios, a veces tararea, hoy tan solo cavila en voz alta. Se ríe de sus años con una tierna y deshabitada sonrisa. Algunos la toman por vieja loca, pero su arrugada cara refleja una vida llena de alegrías y esfuerzos. A la espalda soporta el peso de historias, refranes, y olvidos. Sus ásperas manos de tierna abuela, tiran de un rezagado carro gris una vez más, vuelve del supermercado, ha vivido tiempos de guerra y no quiere que falte nada. Le encantan las comidas abundantes, llenas de especias de dificultosa digestión.

Es un día especial, la cuenta atrás hará llegar a un puñado de hijos y nietos a su pequeño palacio. Está muy ilusionada aunque se repita la misma historia. Ella quiere ayudar pero acaba observando el reloj, presidiendo el salón, solemne, sintiendo las agujas pasar. Los engranajes ya no funcionan como antes. Sus palabras son pausadas e inconexas pero entrañables. Tantos años de trabajo y ahora sus manecillas, aunque nadie se dé cuenta, se retrasan como su presencia. Es difícil entender lo fundamental que resulta ahora oír ese tic tac... ¿Quién le dará cuerda?

– Aquí está el descafeinado que pidió, con dos de azúcar –. Hoy no se atrevió con el café. Sigue mirando por la ventana pero Berta ya no está, debió de perderse entre los pensamientos y la gente. Guarda la pluma. Acaricia las letras y cierra el cuaderno.

jueves, 21 de enero de 2010

3 minutos

El tren se detuvo. Su mirada recorrió el andén de la estación. Parecía buscar algo sin saber qué buscar. De pronto la detuvo en alguien que esperaba en un banco, a no más de unos pocos metros de distancia. Tendría unos 30 años, el cabello castaño, la piel pálida. Estaba leyendo un libro que sostenía entre sus manos. Unas manos largas, delgadas. Extraña casualidad. Aquel libro, casi no podía creérselo, era sin duda alguna su libro favorito. Una novela histórica maravillosa, una de esas lecturas que te acompaña durante semanas. Un libro que siempre llevaba en sus viajes largos y que nunca se cansaba de leer. Un libro que no había olvidado ese día. El mismo libro que tenía entre sus manos, marcando la página con uno de sus dedos.

Algo hizo cambiar el centro de su atención. Sus miradas se cruzaron. Tardó en reaccionar unos segundos. Aquellos ojos color miel estaban mirando. Aparto la mirada. Observó a su alrededor, pero no fue capaz de concentrar su mente. Intentó leer pero no pudo. Aquella mirada... Era una estupidez ¿Por qué iba a seguir mirando? Quiso comprobarlo, giro la cabeza y...allí estaba. Tuvo una extraña sensación, como si algo recorriera su espalda. Se imaginó aquellas manos rodeando su cuerpo. Se estremeció. Aquello comenzaba a ser un juego divertido. O tal vez... un juego peligroso.

Intercambiaron una tímida sonrisa. No hubo palabras pero lo dijeron todo... Y siguieron manteniendo la mirada. Aquella mirada se convirtió en caricia, la caricia en beso y el beso de nuevo en sonrisa. El tiempo se había detenido en un beso largo.

El silbato del tren les saco de aquel sueño. A través del cristal sus vidas se distancian para siempre. Cuanto más se alejaban, mas fuerte era la sensación. Los dos sabían que nunca más se volverían a ver pero ya nadie podía quitarles aquella pequeña historia de amor que duró 3 minutos.

domingo, 17 de enero de 2010

Hipoteca vitalicia

Se conocieron hace décadas y desde que se miraron por primera vez se hipotecaron con un sonrisa. Recibieron caudales de riqueza y felicidad, 5 y 7 años después de contraer tan perpetuo compromiso. Nacieron varón y hembra, a los que se dedicaron en cuerpo y alma; una inversión de amor y dedicación que generaría gran rentabilidad durante años. Inesperadamente recibieron con los brazos abiertos la futura herencia por anticipado, años de trabajo no se merecían otra cosa que descanso entre los suyos.

Hubo periodos brillantes de grandes rentas vitales. Gozo. Pero también hubo trimestres de carencia, donde las cuentas no cuadraban ni con calzador. Los tipos de interés fueron fluctuando como fluctúan los mercados financieros. No ahorraron en demostraciones al principio pero con el tiempo, gastaron menos de lo que deberían lo que a largo plazo supuso un coste irrecuperable. Una vida entera incumpliendo complicadas clausulas contractuales y, donde día a día se intentaron modificar las condiciones adicionales. Los detalles desaparecieron en los primeros años. Los tributos fueron altos debido a errores imprevistos porque una de las partes decidió exponerse a un alto riesgo.

Así que el único interés fijo era un camino por delante. Y en esta dura travesía llevan tanto tiempo que parecen siglos, caminando juntos pero ya sin darse la mano, unidos por un contrato que a veces parece una hipoteca y otras tantas una cuenta corriente.